Roger Santiváñez y Kloaka, a tres décadas de una vanguardia poética ‘andesground’

Eduardo Corrales

“Kloaka fue un movimiento artístico-literario. Fue también una pasión, una locura de amor. Una hermandad, una secta de iniciados. Una vanguardia peruana andesground: el cometa más brillante que pasó volando por el cielo de la poesía latinoamericana de los 80s”, declara Roger SantiváñezSantiváñez, fundador -en 1982, en Lima- del colectivo de poetas Kloaka.

Los lustros posteriores a la disolución de Kloaka ofrecen testimonio de la consolidación de las voces poéticas de Domingo de Ramos, Mariela Dreyfus, Dalmacia Ruiz-Rosas (aliada principal), -además, claro, de la del propio Santiváñez- y dan cuenta -más allá de las estridencias y las actitudes juveniles- de lo que el colectivo constituia esencialmente.

“Kloaka siempre estuvo en poesía”, dice el autor de El corazón zanahoria (2002). “Para comenzar era un grupo básicamente de poetas, aunque tambien participara un gran pintor como Enrique Polanco. Como poetas entonces, Kloaka fue un taller de poesía, intenso, febril; animado por una discusión permanente, una acuciosa lectura de los poetas que nos interesaban y que compartíamos juntos. Una participación interna de los poemas que íbamos escribiendo: hacíamos lecturas mutuas y nos comentábamos nuestros textos, celebrábamos los hallazgos, soñábamos con escribir la gran poesía que la historia nos exigía. Ojalá lo hayamos logrado o lo estemos consiguiendo. Sólo el tiempo lo dirá”, agrega.

Los poetas José Alberto Velarde, Mary Soto, Guillermo Gutiérrez, Julio Heredia y el narrador Edian Novoa completaban el elenco, en tanto José Antonio Mazzotti fue el otro aliado principal.

Santiváñez deja constancia de que Rafael Dávila-Franco, Rodrigo Quijano, Fernando Bryce, Frido Martin, Bruno Mendizabal y Mario Wong actuaron como compañeros de ruta del movimiento.

En cuanto a la música, el grupo trabó una estrecha relación con cultores del rock y la fusión como Kilowatt, Durazno Sangrando, Delpueblo y Medias Sucias.

Visto desde aquí y ahora, a 30 años de su fundación -ocurrida en medio de una convulsionada sociedad peruana-, Santiváñez percibe que del movimiento Ha quedado el espíritu de la revuelta.

“Ahora Kloaka es el resultado de la obra individual de cada uno de los poetas y artistas que estuvieron involucrados en el movimiento, cuyo valor e importancia es innegable en el concierto de la literatura y las artes en el Perú. No hay distancia ni nostalgia, sino un presente claro en el trabajo real de sus ex-miembros -hoy por hoy- todos reconocidos creadores en el campo de la cultura”, indica.

San Marcos

Los bares, las calles de Lima, al igual que las viviendas de los propios integrantes y las de sus amigos, fueron los escenarios naturales sobre los que se desplazaba el colectivo, pero el marco principal para su actuación fue la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

“San Marcos fue fundamental”, asegura Santiváñez. “No sólo allí fue donde nos conocimos –en el Patio de Letras- quienes formaríamos Kloaka, sino que San Marcos nos dió la formación básica –ideológica- de donde partimos para formular nuestra posición anarquista radical. El núcleo central fundador del movimiento –es decir Mariela Dreyfus, Edián Novoa, Guillermo Gutiérrez y quien responde esta entrevista- fuimos, somos y seremos sanmarquinos de pura cepa”, apunta.

“Definitivamente Kloaka nació por una necesidad histórica. La época lo demandaba –como dice Ezra Pound-. Es decir, nosotros sentimos la urgencia que fundar y organizar un polo de acción y de activismo poético liberador. Creíamos en la liberación de la persona humana, en el Hombre Nuevo del que habló el Che Guevara. Pero ya estábamos decepcionados del comunismo realmente existente, de ahí que planteáramos una posición anarquista hacia la liberación total del individuo, contra toda la opresión de la sociedad, del Estado, de la religión, de la educación, de los convencionalismos y –por supuesto- de las formas estancadas y anquilosadas del arte y la poesía”.

A los jóvenes poetas les tocó experimentar las dramáticas contradicciones que atravesaban la sociedad peruana en la década de los 80s y acerca de ese trance también se pronuncia Santiváñez: “Fueron las contradicciones sociales –concretamente la álgida lucha de clases que se vivía en el Perú de los 80s- lo que hizo posible el surgimiento del movimiento Kloaka. Es decir, la crisis socio-política que se desencadenó después de la caída del reformismo velasquista mediante el golpe fascistoide de Morales Bermúdez, desembocó en el gobierno de Belaúnde elegido por el sistema de la democracia burguesa formal en 1980. Pero Belaúnde no hizo absolutamente nada por resolver los problemas fundamentales del pueblo peruano, sino que profundizó la miseria de la gente sencilla y los trabajadores. Los miembros de Kloaka fuimos sensibles a todo este terrible panorama y buscamos expresar en nuestro arte y literatura lo que estábamos viviendo y padeciendo como parte integrante de la juventud en el seno de las masas explotadas”.

Una performance lúdica

Pero junto a ese paisaje sociopolítico tan inquietante, dentro del propio colectivo hacían erupción las diferencias de criterios y tal vez los choques de egos que condujeron a una ruptura. Los motivos esgrimidos -al menos los de conocimiento público- para las expulsiones de Mary Soto, Guillermo Gutiérrez, Mariela Dreyfus o Julio Heredia suenan en sí mismos a actos poéticos, más que a dictados sectarios u odiosidades.

(Negaron 3 veces seguidas a Nuestro Señor/ como Pedro/ Serán la mofa del pueblo./ El que no computa NO computa/ Así es.)

“Las contradicciones dentro del grupo fueron finalmente procesadas con el llamado Parte de expulsión. Era nuestra manera de llamarles la atención a los patas que –por distintas razones- se habían alejado del Movimiento. Usamos el estilo y la forma de los mini-partidos de la izquierda peruana de esa época, en la cual las facciones en lucha se expulsaban mutuamente. Fue –definitivamente- una performance lúdica en este sentido”, acota.

A la luz de las velas

Si una década antes Hora Zero –fundado por Jorge Pimentel y Juan Ramírez Ruiz- había irrumpido en el terreno de la poesía en el contexto del terremoto socio-político desatado por el reformismo militar de los 70s, el Perú que ve nacer a Kloaka es el de la violencia desencadenada por la acción armada emprendida por Sendero Luminoso. Entonces para muchos jóvenes atentos al entorno se les impuso (leninista o no) la pregunta ¿Qué hacer?

(Cesar Vallejo, enfrentado a otro momento dramático en medio de la guerra civil española y ante el posible desplome de la república, escribió: ‘no sé verdaderamente qué hacer, dónde ponerme; corro, escribo, aplaudo, lloro, atisbo, destrozo’).

“Claro, nosotros estábamos como el sujeto del poema de Vallejo. Observábamos con estupor la violencia desencadenada, tanto por Sendero Luminoso como por las fuerzas armadas del Estado. Pero nuestro camino era el de la poesía. Recuerdo que nos quedábamos a la luz de las velas –durante los apagones- por ejemplo en la casa solitaria de Breña de nuestro querido Maestro y mentor el gran Pablo Guevara, hablando de poesía hasta altas horas de la madrugada. Naturalmente tuvimos varios amigos generacionales que tomaron la vía de la insurrección armada. Pero para nosotros siempre estuvo muy claro que lo nuestro era la poesía. Teníamos un lema interno que rezaba: Jamás cambiaremos nuestra máquina de escribir por ninguna otra que produzca muerte”, afirma.

Las experiencias de las vanguardias

Kloaka absorbió las experiencias de las vanguardias de comienzos del siglo XX -desde Dada hasta el Surrealismo, pasando por puertos intermedios-, la poesía beatnik y el rock, más concretamente las resonancias de la actitud y la estética punk que había irrumpido estruendosamente en el primer mundo un lustro antes.

“Kloaka recogió todo el entero legado de las vanguardias. Desde 1977 nos interesó el punk inglés, básicamente Sex Pistols. Y sentíamos simpatía por la posición anarquista de los sectores más avanzados internacionalmente del movimiento punk. Pero éramos concientes que no podíamos –era absurdo- imitarlos con una plantilla, debido a que el punk había nacido en una concreta realidad europea que no era la nuestra. Lo que podíamos hacer era recoger el espíritu de la revuelta que moraba en su interior: la Anarquía que esencialmente era la marca ideológica del movimiento Kloaka. Esto lo vieron muy claro, ciertos jóvenes simpatizantes de Kloaka, como Fernando Bryce, el joven punk como lo llamaba Polanco; probablemente el primer punk que hubo en Lima.Y también Rodrigo Quijano, ambos de la banda Duranzo Sangrando, así como Edgar Barraza, Kilowatt y su grupo La Kola Rok. Todos ellos participaron en los aquelarres públicos de Kloaka”

El trabajo poético de Santiváñez abarca ya largas décadas y ha conseguido un amplio reconocimiento como su obra personal en el idioma español. Paradójicamente, se diría, el poeta hasta 1984 formo parte de colectividades de creadores como Auki, La sagrada familia, Hora Zero, antes de fundar Kloaka en 1982.

“Mis experiencias colectivas fueron muy importantes. Fundamentales diría yo. Un grupo de poetas amigos en algo de lo más hermoso que puede ocurrirle a uno. Al empezar, una collera de patas poetas nos da una cohesión, un ideal común, la posibilidad de compartir lecturas y proyectos”, dice el autor de Eucaristía (2004).
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“Cuando yo llegué a Lima –desde mi natal Piura- en 1975 fui acogido por el grupo sanmarquino de profesores que editaban la revista Hipócrita Lector: Marco Martos e Hildebrando Pérez, básicamente. De igual modo fui recibido por Mito Tumi, quien era íntimo de Luis Alberto Castillo, y con ellos fundé la revista Escritura en 1976. Pero antes –desde 1974- yo había tomado contacto con Armando Arteaga, quien me llevó a formar un grupo con Luis La Hoz y Oscar Aragón. Eso ya fue AUKI en 1975. Este mismo año conocí a Edgar O’hara, una especie de líder de los poetas novísimos en la Lima de aquella época. Con él y Luis Alberto Castillo empezamos a reunirnos en un bar de la plaza San Francisco todos los sábados. Enrique Sánchez Hernani, Carlos Lopez Degregori, José Morales Saravia –entre muchos otros- y el narrador Willy Niño de Guzmán. De estas reuniones nació La Sagrada Familia en 1977. Cuando esto terminó fui invitado por Jorge Pimentel a integrarme –junto con la poeta Dalmacia Ruíz Rosas- a Hora Zero en 1980. De aquí salí para fundar Kloaka –junto a Mariela Dreyfus- en 1982”, refiere.

“En cada grupo en el que yo he participado, aprendí muchísimo –tanto a nivel poético como personal- y estoy muy agradecido por haber vivido estas esenciales temporadas para mi formación humana y en poesía”, comenta.

En cuanto al proceso de los afanes de ruptura con el pasado y el dialogo y/o la discusión con la tradición poética indica “Nosotros admirábamos toda la tradición peruana que es insoslayable en el gran río de la poesía latinoamericana. Digamos en síntesis: Valdelomar-Eguren Vallejo. Adán-Oquendo-Abril-Moro-Westphalen. Eielson-Varela-Belli-Guevara. Cisneros-Hinostroza-Martos-Lauer. Pimentel-Ramírez Ruíz-Verástegui. Sin embargo –desde Kloaka- una vez lanzamos un manifiesto parricida contra ciertos poetas emblema de nuestra tradición, porque necesitamos –como se dice en términos freudianos- matar al padre, para crecer y llegar a desarrollar nuestro propio lenguaje personal. En todo caso, fue un gesto radical, como para afirmar lo nuevo que traía la generación del 80. Este manifiesto –por supuesto- no se comprendió y fue duramente criticado. Visto a la distancia, pienso que fue un tanto exagerado, pero para nosotros fue una sincera necesidad en ese crucial momento de 1983.

Una especie de catarsis

Las discusiones y los debates acerca de posiciones y puntos de vista individuales en el interior del grupo versaban sobre lo humano y lo divino, tal y como lo hace cualquier grupo de jóvenes con imaginación creatividad y curiosidad ¿Había temas tabú?

“La verdad que no habían temas tabú. Nosotros –al interior de Kloaka- nos encerrábamos durante varias horas seguidas y nos entregábamos –a la manera de los beatniks- a una especie de catarsis personal y colectiva, exteriorizando todas nuestras vivencias más profundas, incluyendo paltas y sufrimientos de todo tipo; lo cual nos proporcionó una identidad colectiva y una hermandad sin límites en los días sagrados de la fundación de Kloaka”.

Kloaka reconocía un, ‘santoral’, pero eludía caracterizar bestias negras poéticas, a decir de Santiváñez. “No, no teníamos bestias negras. Pero sí un gran santoral en el que estaban –básicamente- todos los poetas radicales de la historia, empezando por los malditos Baudelaire y Rimbaud. Andre Bretón y los surrealistas. Tzara y los dadaístas. Apollinaire y los cubistas. Vallejo y toda la vanguardia latinoamericana. Pound , Eliot, Joyce y todo el modernism anglosajón. Ginsberg y los beats. Frank O’ hara y la escuela de Nueva York. Charles Olson y el grupo Black Mountain. Y también Lautreamont, Artaud,Henry Miller, Octavio Paz, Lucho Hernández. Juan Ojeda, Enrique Molina, Ramos Sucre, Gonzalo Arango y los nadaístas. Jack Kerouac y el antipsiquiatra David Cooper. Pablo Guevara, Hinostroza. Julio Cortázar”, dice.

“Todo tipo de activismo artístico-literario, performático, que cuestionara el orden establecido, captaba nuestra imaginación y fascinaba nuestras mentes, ávidas en el deseo de entregarnos en cuerpo y alma a la transformación del mundo y de nuestras propias vidas”, señala.

Neo-barroco

Santiváñez declara que en la actualidad sigue profundizando en el neo-barroco, “hoy por hoy, la vanguardia más innovadora de la lengua en el ámbito hispánico”.

“Mi poesía ha evolucionado desde el conversacionalismo que me vio nacer, hasta el trabajo de lenguaje –vía la música- que es lo que me atrae en estos últimos tiempos. Actualmente escribo por sonido, es decir, compongo mis versos como si fueran notas musicales. Elaboro sobre la secuencia fónica de la lengua. Y junto los sonidos como un textil –texto- que se va enhebrando en el proceso de construcción del poema”, acota.

Su más reciente libro publicado es Roberts Pool Crepúsculos –su reciente edición venezolana por Monte Ávila- ya que el 2011 salió por vez primera en Lima bajo el sello Hipocampo, en su colección Premio Libros de Poesía Breve.

“Actualmente tengo listo un nuevo libro titulado Virtú. Y este verano que termina ha sido altamente productivo: he estado componiendo varias nuevas series durante mis caminatas por las bucólicas orillas del río Cooper a la vuelta de mi barrio y en algunas incursiones contemplando el Atlántico norte en las playas de Ocean City”, informa el autor de El chico que se declaraba con la mirada (1988).

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