La novela ‘Vacas Rebeldes/ Recuerdos Imaginados de Un Motín…1972-1974…‘, de Alejandro Freddy Loarte-Arteaga, será presentada por Roger Santivañez y Julio León, entre otros, el sábado 8 de diciembre a las 6pm. La cita es en Flushing Town Hall (137-35 Northern Blvd. Flushing, NY 11354)
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Roger Santiváñez y Kloaka, a tres décadas de una vanguardia poética ‘andesground’
Eduardo Corrales
“Kloaka fue un movimiento artístico-literario. Fue también una pasión, una locura de amor. Una hermandad, una secta de iniciados. Una vanguardia peruana andesground: el cometa más brillante que pasó volando por el cielo de la poesía latinoamericana de los 80s”, declara Roger SantiváñezSantiváñez, fundador -en 1982, en Lima- del colectivo de poetas Kloaka.
Los lustros posteriores a la disolución de Kloaka ofrecen testimonio de la consolidación de las voces poéticas de Domingo de Ramos, Mariela Dreyfus, Dalmacia Ruiz-Rosas (aliada principal), -además, claro, de la del propio Santiváñez- y dan cuenta -más allá de las estridencias y las actitudes juveniles- de lo que el colectivo constituia esencialmente.
“Kloaka siempre estuvo en poesía”, dice el autor de El corazón zanahoria (2002). “Para comenzar era un grupo básicamente de poetas, aunque tambien participara un gran pintor como Enrique Polanco. Como poetas entonces, Kloaka fue un taller de poesía, intenso, febril; animado por una discusión permanente, una acuciosa lectura de los poetas que nos interesaban y que compartíamos juntos. Una participación interna de los poemas que íbamos escribiendo: hacíamos lecturas mutuas y nos comentábamos nuestros textos, celebrábamos los hallazgos, soñábamos con escribir la gran poesía que la historia nos exigía. Ojalá lo hayamos logrado o lo estemos consiguiendo. Sólo el tiempo lo dirá”, agrega.
Los poetas José Alberto Velarde, Mary Soto, Guillermo Gutiérrez, Julio Heredia y el narrador Edian Novoa completaban el elenco, en tanto José Antonio Mazzotti fue el otro aliado principal.
Santiváñez deja constancia de que Rafael Dávila-Franco, Rodrigo Quijano, Fernando Bryce, Frido Martin, Bruno Mendizabal y Mario Wong actuaron como compañeros de ruta del movimiento.
En cuanto a la música, el grupo trabó una estrecha relación con cultores del rock y la fusión como Kilowatt, Durazno Sangrando, Delpueblo y Medias Sucias.
Visto desde aquí y ahora, a 30 años de su fundación -ocurrida en medio de una convulsionada sociedad peruana-, Santiváñez percibe que del movimiento Ha quedado el espíritu de la revuelta.
“Ahora Kloaka es el resultado de la obra individual de cada uno de los poetas y artistas que estuvieron involucrados en el movimiento, cuyo valor e importancia es innegable en el concierto de la literatura y las artes en el Perú. No hay distancia ni nostalgia, sino un presente claro en el trabajo real de sus ex-miembros -hoy por hoy- todos reconocidos creadores en el campo de la cultura”, indica.
San Marcos
Los bares, las calles de Lima, al igual que las viviendas de los propios integrantes y las de sus amigos, fueron los escenarios naturales sobre los que se desplazaba el colectivo, pero el marco principal para su actuación fue la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
“San Marcos fue fundamental”, asegura Santiváñez. “No sólo allí fue donde nos conocimos –en el Patio de Letras- quienes formaríamos Kloaka, sino que San Marcos nos dió la formación básica –ideológica- de donde partimos para formular nuestra posición anarquista radical. El núcleo central fundador del movimiento –es decir Mariela Dreyfus, Edián Novoa, Guillermo Gutiérrez y quien responde esta entrevista- fuimos, somos y seremos sanmarquinos de pura cepa”, apunta.
“Definitivamente Kloaka nació por una necesidad histórica. La época lo demandaba –como dice Ezra Pound-. Es decir, nosotros sentimos la urgencia que fundar y organizar un polo de acción y de activismo poético liberador. Creíamos en la liberación de la persona humana, en el Hombre Nuevo del que habló el Che Guevara. Pero ya estábamos decepcionados del comunismo realmente existente, de ahí que planteáramos una posición anarquista hacia la liberación total del individuo, contra toda la opresión de la sociedad, del Estado, de la religión, de la educación, de los convencionalismos y –por supuesto- de las formas estancadas y anquilosadas del arte y la poesía”.
A los jóvenes poetas les tocó experimentar las dramáticas contradicciones que atravesaban la sociedad peruana en la década de los 80s y acerca de ese trance también se pronuncia Santiváñez: “Fueron las contradicciones sociales –concretamente la álgida lucha de clases que se vivía en el Perú de los 80s- lo que hizo posible el surgimiento del movimiento Kloaka. Es decir, la crisis socio-política que se desencadenó después de la caída del reformismo velasquista mediante el golpe fascistoide de Morales Bermúdez, desembocó en el gobierno de Belaúnde elegido por el sistema de la democracia burguesa formal en 1980. Pero Belaúnde no hizo absolutamente nada por resolver los problemas fundamentales del pueblo peruano, sino que profundizó la miseria de la gente sencilla y los trabajadores. Los miembros de Kloaka fuimos sensibles a todo este terrible panorama y buscamos expresar en nuestro arte y literatura lo que estábamos viviendo y padeciendo como parte integrante de la juventud en el seno de las masas explotadas”.
Una performance lúdica
Pero junto a ese paisaje sociopolítico tan inquietante, dentro del propio colectivo hacían erupción las diferencias de criterios y tal vez los choques de egos que condujeron a una ruptura. Los motivos esgrimidos -al menos los de conocimiento público- para las expulsiones de Mary Soto, Guillermo Gutiérrez, Mariela Dreyfus o Julio Heredia suenan en sí mismos a actos poéticos, más que a dictados sectarios u odiosidades.
(Negaron 3 veces seguidas a Nuestro Señor/ como Pedro/ Serán la mofa del pueblo./ El que no computa NO computa/ Así es.)
“Las contradicciones dentro del grupo fueron finalmente procesadas con el llamado Parte de expulsión. Era nuestra manera de llamarles la atención a los patas que –por distintas razones- se habían alejado del Movimiento. Usamos el estilo y la forma de los mini-partidos de la izquierda peruana de esa época, en la cual las facciones en lucha se expulsaban mutuamente. Fue –definitivamente- una performance lúdica en este sentido”, acota.
A la luz de las velas
Si una década antes Hora Zero –fundado por Jorge Pimentel y Juan Ramírez Ruiz- había irrumpido en el terreno de la poesía en el contexto del terremoto socio-político desatado por el reformismo militar de los 70s, el Perú que ve nacer a Kloaka es el de la violencia desencadenada por la acción armada emprendida por Sendero Luminoso. Entonces para muchos jóvenes atentos al entorno se les impuso (leninista o no) la pregunta ¿Qué hacer?
(Cesar Vallejo, enfrentado a otro momento dramático en medio de la guerra civil española y ante el posible desplome de la república, escribió: ‘no sé verdaderamente qué hacer, dónde ponerme; corro, escribo, aplaudo, lloro, atisbo, destrozo’).
“Claro, nosotros estábamos como el sujeto del poema de Vallejo. Observábamos con estupor la violencia desencadenada, tanto por Sendero Luminoso como por las fuerzas armadas del Estado. Pero nuestro camino era el de la poesía. Recuerdo que nos quedábamos a la luz de las velas –durante los apagones- por ejemplo en la casa solitaria de Breña de nuestro querido Maestro y mentor el gran Pablo Guevara, hablando de poesía hasta altas horas de la madrugada. Naturalmente tuvimos varios amigos generacionales que tomaron la vía de la insurrección armada. Pero para nosotros siempre estuvo muy claro que lo nuestro era la poesía. Teníamos un lema interno que rezaba: Jamás cambiaremos nuestra máquina de escribir por ninguna otra que produzca muerte”, afirma.
Las experiencias de las vanguardias
Kloaka absorbió las experiencias de las vanguardias de comienzos del siglo XX -desde Dada hasta el Surrealismo, pasando por puertos intermedios-, la poesía beatnik y el rock, más concretamente las resonancias de la actitud y la estética punk que había irrumpido estruendosamente en el primer mundo un lustro antes.
“Kloaka recogió todo el entero legado de las vanguardias. Desde 1977 nos interesó el punk inglés, básicamente Sex Pistols. Y sentíamos simpatía por la posición anarquista de los sectores más avanzados internacionalmente del movimiento punk. Pero éramos concientes que no podíamos –era absurdo- imitarlos con una plantilla, debido a que el punk había nacido en una concreta realidad europea que no era la nuestra. Lo que podíamos hacer era recoger el espíritu de la revuelta que moraba en su interior: la Anarquía que esencialmente era la marca ideológica del movimiento Kloaka. Esto lo vieron muy claro, ciertos jóvenes simpatizantes de Kloaka, como Fernando Bryce, el joven punk como lo llamaba Polanco; probablemente el primer punk que hubo en Lima.Y también Rodrigo Quijano, ambos de la banda Duranzo Sangrando, así como Edgar Barraza, Kilowatt y su grupo La Kola Rok. Todos ellos participaron en los aquelarres públicos de Kloaka”
El trabajo poético de Santiváñez abarca ya largas décadas y ha conseguido un amplio reconocimiento como su obra personal en el idioma español. Paradójicamente, se diría, el poeta hasta 1984 formo parte de colectividades de creadores como Auki, La sagrada familia, Hora Zero, antes de fundar Kloaka en 1982.
“Mis experiencias colectivas fueron muy importantes. Fundamentales diría yo. Un grupo de poetas amigos en algo de lo más hermoso que puede ocurrirle a uno. Al empezar, una collera de patas poetas nos da una cohesión, un ideal común, la posibilidad de compartir lecturas y proyectos”, dice el autor de Eucaristía (2004).
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“Cuando yo llegué a Lima –desde mi natal Piura- en 1975 fui acogido por el grupo sanmarquino de profesores que editaban la revista Hipócrita Lector: Marco Martos e Hildebrando Pérez, básicamente. De igual modo fui recibido por Mito Tumi, quien era íntimo de Luis Alberto Castillo, y con ellos fundé la revista Escritura en 1976. Pero antes –desde 1974- yo había tomado contacto con Armando Arteaga, quien me llevó a formar un grupo con Luis La Hoz y Oscar Aragón. Eso ya fue AUKI en 1975. Este mismo año conocí a Edgar O’hara, una especie de líder de los poetas novísimos en la Lima de aquella época. Con él y Luis Alberto Castillo empezamos a reunirnos en un bar de la plaza San Francisco todos los sábados. Enrique Sánchez Hernani, Carlos Lopez Degregori, José Morales Saravia –entre muchos otros- y el narrador Willy Niño de Guzmán. De estas reuniones nació La Sagrada Familia en 1977. Cuando esto terminó fui invitado por Jorge Pimentel a integrarme –junto con la poeta Dalmacia Ruíz Rosas- a Hora Zero en 1980. De aquí salí para fundar Kloaka –junto a Mariela Dreyfus- en 1982”, refiere.
“En cada grupo en el que yo he participado, aprendí muchísimo –tanto a nivel poético como personal- y estoy muy agradecido por haber vivido estas esenciales temporadas para mi formación humana y en poesía”, comenta.
En cuanto al proceso de los afanes de ruptura con el pasado y el dialogo y/o la discusión con la tradición poética indica “Nosotros admirábamos toda la tradición peruana que es insoslayable en el gran río de la poesía latinoamericana. Digamos en síntesis: Valdelomar-Eguren Vallejo. Adán-Oquendo-Abril-Moro-Westphalen. Eielson-Varela-Belli-Guevara. Cisneros-Hinostroza-Martos-Lauer. Pimentel-Ramírez Ruíz-Verástegui. Sin embargo –desde Kloaka- una vez lanzamos un manifiesto parricida contra ciertos poetas emblema de nuestra tradición, porque necesitamos –como se dice en términos freudianos- matar al padre, para crecer y llegar a desarrollar nuestro propio lenguaje personal. En todo caso, fue un gesto radical, como para afirmar lo nuevo que traía la generación del 80. Este manifiesto –por supuesto- no se comprendió y fue duramente criticado. Visto a la distancia, pienso que fue un tanto exagerado, pero para nosotros fue una sincera necesidad en ese crucial momento de 1983.
Una especie de catarsis
Las discusiones y los debates acerca de posiciones y puntos de vista individuales en el interior del grupo versaban sobre lo humano y lo divino, tal y como lo hace cualquier grupo de jóvenes con imaginación creatividad y curiosidad ¿Había temas tabú?
“La verdad que no habían temas tabú. Nosotros –al interior de Kloaka- nos encerrábamos durante varias horas seguidas y nos entregábamos –a la manera de los beatniks- a una especie de catarsis personal y colectiva, exteriorizando todas nuestras vivencias más profundas, incluyendo paltas y sufrimientos de todo tipo; lo cual nos proporcionó una identidad colectiva y una hermandad sin límites en los días sagrados de la fundación de Kloaka”.
Kloaka reconocía un, ‘santoral’, pero eludía caracterizar bestias negras poéticas, a decir de Santiváñez. “No, no teníamos bestias negras. Pero sí un gran santoral en el que estaban –básicamente- todos los poetas radicales de la historia, empezando por los malditos Baudelaire y Rimbaud. Andre Bretón y los surrealistas. Tzara y los dadaístas. Apollinaire y los cubistas. Vallejo y toda la vanguardia latinoamericana. Pound , Eliot, Joyce y todo el modernism anglosajón. Ginsberg y los beats. Frank O’ hara y la escuela de Nueva York. Charles Olson y el grupo Black Mountain. Y también Lautreamont, Artaud,Henry Miller, Octavio Paz, Lucho Hernández. Juan Ojeda, Enrique Molina, Ramos Sucre, Gonzalo Arango y los nadaístas. Jack Kerouac y el antipsiquiatra David Cooper. Pablo Guevara, Hinostroza. Julio Cortázar”, dice.
“Todo tipo de activismo artístico-literario, performático, que cuestionara el orden establecido, captaba nuestra imaginación y fascinaba nuestras mentes, ávidas en el deseo de entregarnos en cuerpo y alma a la transformación del mundo y de nuestras propias vidas”, señala.
Neo-barroco
Santiváñez declara que en la actualidad sigue profundizando en el neo-barroco, “hoy por hoy, la vanguardia más innovadora de la lengua en el ámbito hispánico”.
“Mi poesía ha evolucionado desde el conversacionalismo que me vio nacer, hasta el trabajo de lenguaje –vía la música- que es lo que me atrae en estos últimos tiempos. Actualmente escribo por sonido, es decir, compongo mis versos como si fueran notas musicales. Elaboro sobre la secuencia fónica de la lengua. Y junto los sonidos como un textil –texto- que se va enhebrando en el proceso de construcción del poema”, acota.
Su más reciente libro publicado es Roberts Pool Crepúsculos –su reciente edición venezolana por Monte Ávila- ya que el 2011 salió por vez primera en Lima bajo el sello Hipocampo, en su colección Premio Libros de Poesía Breve.
“Actualmente tengo listo un nuevo libro titulado Virtú. Y este verano que termina ha sido altamente productivo: he estado componiendo varias nuevas series durante mis caminatas por las bucólicas orillas del río Cooper a la vuelta de mi barrio y en algunas incursiones contemplando el Atlántico norte en las playas de Ocean City”, informa el autor de El chico que se declaraba con la mirada (1988).
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El Buscad’or / Disparo por Pablo Guevara [Testimonio de Roger Santivañez]
CONOCI a Pablo Guevara en el taller de poesía de la Universidad de San Marcos hacia fines de los 70s. Pablo era el autor invitado de esa semana y se presentó con un morral repleto de poemas. Yo había leído en mi original Piura, costa norte del Perú, su libro ‘Hotel de Cuzco y otras provincias del Perú’ (INC. Lima , 1971) encontrado en uno de mis buceos en la librería Studium de la ciudad del estío. Eso había ocurrido en el verano de 1973 y su lectura me dejó marcado para siempre. Una dicción poundiana se apoderaba del verso, modernizando la expresión poética peruana: “ Mi país enrumba hacia Nacimiento y hacia Extremaunción / a la Gloria de las destrucciones en este Orden atormentado / Aunque hay niños que se arrojan enloquecidos y luchan por los valles / y los viejos dicen que se arrojarían prestos a despanzurrarse / por las inscripciones de sus arcos votivos “. Por esa misma época leí ‘Kenacort y valium 10’ (HZ. Lima ,1970) primer libro de Jorge Pimentel –cofundador junto a Juan Ramírez Ruíz del Movimiento Hora Zero- y en una de sus primeras páginas rezaba: ‘A Pablo Guevara y a su primer libro de poesia Hotel del Cuzco y otras provincias del Perú’ aludiendo a que dicho texto situababa una especie de nuevo nacimiento del gran poeta de la generación de 1950. Es decir, la dedicatoria no tomaba en cuenta “Retorno a la creatura” (Madrid, 1957) su primera obra y tampoco las siguientes: “Los habitantes” (La Rama Florida. Lima,1965) ‘Crónicas contra los bribones” (Milla Batres. Lima, 1967). Libros casi inhallables cuando yo me trasladé a Lima –desde mi natal Piura- en 1975 a estudiar literatura en San Marcos.
Sin embargo encontré “Retorno a la creatura” en la biblioteca familiar de mi compañera de entonces la poeta Dalmacia Ruiz- Rosas, ejemplar con dedicatoria ológrafa de Pablo Guevara a los padres de Dalmacia, el pintor Alfredo Ruiz Rosas y la actriz brechtiana Dalmacia Samohod. Pues bien, allí me encontré con el famoso poema ‘Mi Padre, un zapatero’ y ‘Dos monarcas’, extraordinarios textos de los que yo había oído hablar a mis maestros del taller de poesía Marco Martos e Hildebrando Pérez. Luego conseguiría en librerias de Viejo por el cercado de Lima “Los habitantes” donde está el impactante poema ‘Los burgueses son bestias’ , y tambien ‘Crónicas contra los bribones’, con sus poemas de amor.
Aquella vez del Taller de Poesía Pablo Guevara leyó unos inéditos de sus libros ‘Mentadas de Madre’ y ‘Cosa de Blancos’ y luego para explicar su Arte Poética espetó: “El recipiente cultural poema ha estallado” aludiendo a la absoluta libertad conversacional con la que él había trabajado esos poemas, donde con pericia Pablo Guevara enhebraba una crítica socio-histórico-política a su discurso poético. La consigna lanzada por el poeta caló hondo en el espíritu de varios de los que presenciamos esa lectura. Y nos dió base para la experimentación en el lenguaje con plenas alas de libertad y armadas –desde entonces- de una poderosa antiretórica. Porque Pablo era el súmum de la creación viva, el espíritu más inquieto y buscador de la poesía peruana. Una cita del propio Pablo nos dará una idea cabal de lo que trato de decir. En la entrevista que le hizo Jaime Urco : “Sigo soñando siempre con una lengua de todos y no con una lengua exclusiva, entoncs el discurso perdiodístico, el discurso popular, las tradiciones orales, las conversaciones, las interjecciones, los insultos forman parte, para mi, del lenguaje humano y no creo que haya un lenguaje poético. Creo que la poesía es una contínua transformación y por lo tanto en esa transformación – o si tú quieres mutación constante – lo que hay es la lengua de todos y no mi lengua “ (En Lienzo # 7. Universida de Lima, 1987) .De allí que circa la admiración que le profesaron los poetas de Hora Zero (por ejemplo Enrique Verástegui escribió un poema- publicado en la revista ‘Azur’ de la Universidad Católica- hacia 1977, en el que desarrolla e intertextualiza los planteamientos de la sección ‘Lo que queríamos demostrar lqqd’ del texto ‘Apis blanco, civa rojo y Europa con los yankees encima’ perteneciente a Hotel del Cuzco); a partir deentonces –decía- Pablo Guevra se convirtió en una suerte de guru totémico para todas las generaciones posteriores.
Asi fue como con mis compañeros generacionales –José Antonio Mazzotti, Dalmacia Ruiz- Rosas, Rafael Dávila-Franco, Raúl Mendizábal, Julio Heredia- nos dedicábamos a visitarlo periódicamente en su casa de la avenida General Varela en Breña (la que había sido la casa de su mamá) y su campestre morada de Pachacamac. Los bombazos de Sendero Luminoso oscurecían la casita de Breña y nosotros seguíamos conversando de poesía. Algo de ésto está testimoniado en el poema ‘Visión de Guevara’ de José Antonio Mazzotti, incluído en su primer título ‘Poemas no recogidos en libro’. En Pachacamac nos pásabamos el día entero y hasta la madrugada con sendas botellas de vino. El gran Pablo estrenaba sus poemas delante de nosotros, provenientes de libros en proceso ‘Casa de Padrastros’ y ‘Diente(s) de ajo’. Eran textos entrañables como ‘Cosa de Blancos’, sobre la época del boom económico de Chimbote y el predominio del magnate Luis Banchero Rossi –a nivel mundial- con la explotación de la harina de pescado (que según últimas noticias no era sino la blanca y radiante cocaína) o aquel de Soledad Bravo una mujer trabajadora y empobrecida que –cuasi demente- encadenó a su menor hija a los barrotes de la cama de su cuarto en un callejón de los Barrios Altos de Lima; área del Cercado donde había nacido Pablo y nos contaba de la familia de su padre y Bazzetti y Forero y sus amigos en los alrededores de la Plaza Italia de los Barrios Altos, mientras flotaba en el aire la memoria de Pinglo y sus valses criollos: cito el arranque del emblemático poema ‘Mi padre’: “Tenía un gran taller. Era parte del orbe /Entre cueros y sueños y gritos y zarpazos / él cantaba y cantaba o se ahogaba en la vida / Con Forero y Arteche. Siempre Forero, siempre / con Bazetti y mi padre navegando en el patio / y el amable licor como un reino sin fin”.
Después de muchos años de silencio, Pablo Guevara publicó finalizando el siglo XX su libro La Colisión formado por 5 volúmenes de poesía. Esta obra obtuvo el Premio Copé de Poesía de Lima y volvió a poner a la orden del día la excelente y rotunda expresión de nuestro querido Pablo. En el 2006 volví a Lima en las vacaciones de verano y encontré al extra-ordinario Pablo en la Feria Internacional del libro . Esto fue en el mes de julio y el poeta de ‘Los ecuestres’, estaba perfectamente bien. Cual no sería mi sorpresa al enterarme algo así como un mes después que estaba hospitalizado. Y aún no me repongo de la honda tristeza que me poseyó cuando en noviembre de aquel 2006 mi amado maestro y compinche de tantas conspiraciones poéticas pasó a la Gloria. Pero en ese interregno escribió el libro que hoy celebramos en versión bilingue de Zachary Payne, ’ Hospital’ , de donde leo estos versos como mi más emocionado homenaje: “ignoran los que llegan a esta inmensa ciudad que aquí tambien llegan como emigrantes…todos somos pasajeros de paso por la tierra…[al mundo nos lo prestan como una pelota por unos instantes y como un agiotista de torva mirada bien ladino cuenta y recuenta las horas minutos y segundos…de nada servirá presentarle nuestro más bello cuerpo o magníficas obras por hacer o terminar…el usurero dice basta y cobra al instante y punto…]” Sabemos que te cobró entonces Pablo, pero tú le cobraste tambien, mejor dicho ganaste –con tu gran poesía- un lugar en la eternidad.
Soho, 4 de noviembre 2011
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Tulio Mora y Hora Zero: “No hay caducidad para la poesía que expresa un tiempo”
“Hemos esperado cuatro décadas y lo que más destacan de nuestra poesía es su frescura, como si hubiera sido escrita hoy. No hay caducidad para la poesía que expresa un tiempo y el drama en que el planeta entero se desenvuelve”, sostiene Tulio Mora (Huancayo, 1948), una de las voces más reconocidas de Hora Zero, el movimiento poético que irrumpió a inicios del año 1970 para remecer el orden establecido de las letras peruanas e hispanoamericanas.
“El mejor verso es aquel que nace asombrado de que aún se sostenga el mundo”, agrega el poeta, de paso en Nueva York, invitado por America´s Society para participar de las celebraciones del cuarto centenario de la publicación de los Comentarios Reales, del Inca Garcilaso de la Vega.
La visita del autor de Mitología a la Gran Manzana ha servido además para que él presente -en compañía del poeta Róger Santivañez- su antología Hora Zero: Los broches mayores del sonido, una monumental celebración de los cuarenta años de vigencia del movimiento fundado por Jorge Pimentel y Juan Ramírez Ruiz.
Entrevista de Eduardo Corrales
Bonus track:
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Labranda
Poema de Róger Santiváñez (Piura, 1956), del libro del mismo nombre de pronta aparición.
Entrevista de Eduardo Corrales






