Nueva York, a la vez hostil y estimulante, fue el agente catalítico para los primeros Nuyorican. El momento era de ebullición: había protestas contra la guerra de Vietnam y reclamos de derechos civiles, raciales, feministas y homosexuales. La de ahora es también una ciudad en conmoción, cambiada tras el 9/11 y sus prolongadas consecuencias, sacudida por las medidas anti-inmigratorias de la presidencia de Bush, ambivalente y frenética siempre. Puede leerse el artículo de Carmen Dolores Hernández en elnuevodia.com


